2. Celulitis bacteriana
En esta unidad aprenderemos:
La celulitis bacteriana es una infección frecuente que afecta la piel y el tejido subcutáneo, caracterizada por inflamación local, dolor y enrojecimiento. Su rápida progresión y potencial para generar complicaciones graves hacen que el diagnóstico y tratamiento oportuno sean fundamentales, especialmente en contextos ambulatorios y de urgencia.
Índice de contenido
Guía Eunacom - Celulitis bacteriana
La celulitis bacteriana es una infección de las capas profundas de la piel que produce una zona roja, caliente, hinchada y dolorosa, de bordes poco definidos. Suele entrar por una herida, una úlcera o una grieta entre los dedos, y la causan sobre todo estreptococos y estafilococos. En este temario veremos cómo se distingue de la erisipela, su diagnóstico, su tratamiento antibiótico y las señales de alarma.
Celulitis Bacteriana
La celulitis bacteriana es una infección de la dermis profunda y el tejido celular subcutáneo, de límites mal definidos. Es una de las infecciones de piel y partes blandas más frecuentes. Su principal diagnóstico diferencial es la erisipela, más superficial y de bordes nítidos. Este temario se basa en la referencia clínica chilena (Síntesis de Conocimientos, Universidad de Chile).
Aspectos esenciales. El diagnóstico es clínico y el tratamiento empírico debe cubrir Streptococcus pyogenes y Staphylococcus aureus. Siempre hay que buscar y tratar la puerta de entrada. Un dolor desproporcionado a la lesión debe hacer descartar una fascitis necrotizante, que es una emergencia quirúrgica.
Definición y Diferenciación con la Erisipela
A diferencia de la celulitis, la erisipela es una infección más superficial (compromete epidermis, dermis y vasos linfáticos), causada típicamente por S. pyogenes, que se presenta como una placa más roja, solevantada y de bordes bien definidos que separan la piel sana de la enferma.
Etiología y Factores de Riesgo
Los principales agentes son Streptococcus pyogenes y Staphylococcus aureus. En contextos especiales participan otros agentes: S. pneumoniae y H. influenzae (celulitis facial/periorbitaria), Pasteurella y anaerobios (mordeduras), y flora polimicrobiana (diabéticos y úlceras).
Entre los factores de riesgo destacan la insuficiencia venosa, el linfedema crónico, la obesidad, la diabetes, el intertrigo y la inmunosupresión. Siempre debe buscarse la puerta de entrada: heridas, úlceras, eccema o lesiones micóticas de los pies.
Manifestaciones Clínicas
Se presenta como un área eritematosa, caliente, dolorosa y tumefacta, de límites mal delimitados. Puede asociarse a adenopatía satélite, linfangitis, fiebre y compromiso del estado general; en casos más severos, ampollas y necrosis. La localización más frecuente son las extremidades inferiores y la cara.
Diagnóstico
- Clínico, en la mayoría de los casos.
- Laboratorio (en cuadros severos): leucocitosis y PCR elevada; hemocultivos si hay sepsis.
- Marcar los contornos de la lesión para monitorizar su progresión o regresión.
El diagnóstico diferencial incluye la erisipela, la dermatitis estásica o de contacto, la tromboflebitis y la paniculitis. Lo más importante es descartar una fascitis necrotizante, sugerida por un dolor desproporcionado a los hallazgos.
Tratamiento
El principio es cubrir S. pyogenes y S. aureus:
- Ambulatorio: cefadroxilo o amoxicilina-ácido clavulánico, por 7–10 días (en general bastan 5–7 días en la celulitis no purulenta).
- Hospitalizado (empírico): cefazolina endovenosa; como alternativa, penicilina más cloxacilina. Ante alergia a la penicilina, clindamicina o macrólidos.
- Sospecha de SAMR (S. aureus meticilino-resistente): vancomicina.
- Situaciones especiales: los diabéticos pueden requerir coberturas más amplias, y en las mordeduras siempre se cubren los anaerobios.
- Medidas generales: reposo con elevación del miembro, analgesia, hidratación de la piel y tratamiento de la puerta de entrada.
Criterios de hospitalización. Sepsis o shock, comorbilidades importantes o descompensadas, mala tolerancia oral, sospecha de compromiso más profundo (fascitis), compromiso facial, placa mayor de 10 cm, crecimiento rápido, gran compromiso del estado general o dolor desproporcionado.
Seguimiento
Se considera falla del tratamiento si tras 72 horas persiste el eritema o los síntomas sistémicos. El dolor suele resolver rápido, pero el eritema puede tardar dos o más semanas en desaparecer. El marcaje de los contornos ayuda a objetivar la evolución.