8. Fiebre tifoidea y paratifoidea
En esta unidad aprenderemos:
La fiebre tifoidea y paratifoidea son enfermedades infecciosas sistémicas causadas por bacterias del género Salmonella. Se transmiten principalmente a través del consumo de agua o alimentos contaminados y representan un importante problema de salud pública en regiones con condiciones sanitarias deficientes.
Índice de contenido
Guía Eunacom - Fiebre tifoidea y paratifoidea
La fiebre tifoidea y la paratifoidea son infecciones causadas por bacterias del género Salmonella que se contagian al consumir agua o alimentos contaminados con heces. Provocan una fiebre prolongada con decaimiento, dolor abdominal y otros síntomas, y se confirman con hemocultivos. Sin tratamiento pueden complicarse. En este temario veremos sus causas, su cuadro clínico, su diagnóstico y su tratamiento antibiótico.
Fiebre Tifoidea y Paratifoidea
La fiebre tifoidea y paratifoidea (fiebre entérica) son enfermedades bacterianas sistémicas causadas por Salmonella Typhi (tifoidea) y Salmonella Paratyphi A, B o C (paratifoidea). Se transmiten por vía fecal-oral y se caracterizan por un síndrome febril prolongado. Son de notificación obligatoria. Este temario se basa en la referencia clínica chilena (Síntesis de Conocimientos, Universidad de Chile) y los protocolos del ISP/MINSAL.
Aspectos esenciales. El reservorio es exclusivamente humano y el contagio es fecal-oral (agua y alimentos contaminados). El cuadro es un síndrome febril prolongado. El diagnóstico se confirma con hemocultivos (la prueba de Widal no es útil y no debe usarse). La complicación más temida es la perforación intestinal.
Etiología y Transmisión
El agente es un bacilo gramnegativo de la familia Enterobacteriaceae, de reservorio exclusivamente humano. Se transmite por la ingestión de agua o alimentos contaminados con heces humanas. El período de incubación es de 4 a 14 días, y la enfermedad sin tratamiento puede durar entre 2 y 4 semanas.
Epidemiología
Es endémica en el sudeste asiático, África y, en menor medida, Sudamérica. Es importante recopilar el antecedente de viaje a zonas endémicas, el estado vacunal y la ingesta de alimentos fuera del hogar.
Manifestaciones Clínicas
El cuadro es un síndrome febril prolongado acompañado de cefalea, mialgias, fatigabilidad, anorexia, náuseas, dolor abdominal, meteorismo y tos seca. Las alteraciones del tránsito intestinal varían según la edad: constipación en adultos y diarrea en niños. Al examen destacan:
- Hepatoesplenomegalia y lengua saburral.
- Bradicardia relativa (disociación entre el pulso y la temperatura).
- Roséolas tíficas en la segunda semana: lesiones eritematosas maculopapulares en el tronco y las extremidades.
En el laboratorio es característica la leucopenia con desviación a izquierda, la aneosinofilia y la VHS elevada; en casos graves, pancitopenia.
Complicaciones. Suelen aparecer en la tercera o cuarta semana de enfermedad no tratada. Las más graves son la perforación intestinal (a nivel del íleon) y la enterorragia (hemorragia digestiva).
Diagnóstico
- Hemocultivos: son la prueba de mayor rendimiento en la primera y segunda semana y constituyen la confirmación del caso.
- Mielocultivo: de alta sensibilidad, útil especialmente si el paciente ya recibió antibióticos.
- Coprocultivo: positivo más tardíamente; sirve para la búsqueda de portadores.
Sobre la prueba de Widal. Los estudios serológicos basados en anticuerpos aglutinantes (como la prueba de Widal) tienen baja sensibilidad y especificidad y poca utilidad diagnóstica, por lo que no deben utilizarse para confirmar los casos.
Tratamiento
- Antibióticos: ciprofloxacino, ceftriaxona o azitromicina, según la sensibilidad (considerando las cepas resistentes); los esquemas clásicos (cloranfenicol, amoxicilina, cotrimoxazol) tienen resistencia creciente.
- Medidas de soporte: antipiréticos (paracetamol) e hidratación.
- Portador crónico: requiere tratamiento antibiótico prolongado; la vesícula biliar puede actuar como reservorio.
En los casos no complicados, la mejoría clínica suele observarse dentro de los 3 a 5 días; debe vigilarse la aparición de síntomas recurrentes que sugieran una recaída.
Prevención y Seguimiento
La prevención se basa en la higiene del agua y los alimentos (hervir el agua, lavado de manos), la vacuna antitífica (que no protege frente a S. Paratyphi), el aislamiento entérico en la fase aguda y la pesquisa de portadores, especialmente entre los manipuladores de alimentos.